Encontré esta poesía en el libro de Salmos, que expresaba mi sentir y mi gratitud a Dios, por su bondad y por su pronto auxilio. Mi corazón estaba triste porque caía en la cuenta de que había vivido sin reglas, sin el consentimiento de Dios. Todo había sido vivir por vivir, sin percatarme que aunque pensaba que tenía un profundo amor y respeto por Dios, estos eran realmente muy superficiales. Se trataban mas bien, de un temor a Él y una admiración desde lejos, pero no era una sumisión permanente y comprometida. Me sentía tan mal de haber sido así con Él y tan negligente conmigo misma, porque estaban aflorando los efectos de mis decisiones, y más que decisiones, habían sido reacciones y respuestas rápidas que había dado a cada suceso. No tenía algo que dirigiera mi vida. Mis principios habían sido tejidos por mí misma, como resultado de las experiencias, pero no había un orden de lo que estaba bien o mal, era lo que a mí me parecía. Andaba como ciega, y el ciego se tropieza y se hiere varias veces, y lo seguirá haciendo hasta que recupere la vista.